domingo, enero 23, 2005

RRPP: Reacciones ante el escándalo Williams

El sector de las RRPP en Estados Unidos está revolucionado por el destape de un escándalo de proporciones mayúsculas. Una agencia ha pagado a un líder de opinión por manifestarse a favor de una polémica política del gobierno de Bush Jr.

Armstrong Williams, el líder de opinión conservador que recibió la "payola", ha tenido que pedir disculpas y ante la tibia respuesta del Council of PR Firms, algunas empresas han decidido abandonar esta asociación.

Ray Kotcher, CEO de Ketchum, la agencia que pagó a Williams, ha tenido que salir también al paso con una columna en la revista PR Week en la que indica que la agencia hará una revisión profunda de todos sus contratos federales y contratará a una compañía externa para completar este proceso para hacer más transparentes sus contratos gubernamentales.

No ha tenido más remedio al haber salido publicado en el periódico USA Today los términos del acuerdo, que también incluye la realización de un videocomunicado que podría ser confundido como una pieza de contenido editorial, una práctica poco ética que raya lo ilegal.

Williams cumplió el acuerdo de manera entusiasta. Ya que publicó 4 columnas (aquí una de ellas) en las que apoyaba claramente la proposición de ley que quiere aprobar el actual gobierno norteamericano.

El escándalo ha sido atizado por grupos que han solicitado que se recupere el dinero de los consumidores y que cese cualquier campaña de "propaganda".

Por otro lado, se ha abierto una polémica paralela entre Jay Rosen de Press Think y los PR Bloggers. El profesor de la universidad de Nueva York pregunta por qué los profesionales de RRPP que escriben bitácoras no se han pronunciado enérgicamente contra el escándalo.

Mal comienza el año para el gobierno de Bush Jr., pero peor lo hace para el sector norteamericano de las RRPP.

El problema no es el apoyo de Armstrong, sino el que se le pagó para que apoyara activamente la proposición No Child Left Behind y para que influyera en otros colegas para que hicieran lo mismo.

Se ha comprado su conciencia y su voz, pero su desprestigio es también el de la agencia que le pagó. Eso no deja lugar a dudas.

Esperemos que a este escándalo no se sumen otros y el sector se distinga sólo por su conducta ética y la eficacia de sus servicios de comunicación y relaciones públicas.
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